Olfato, cerebro y enfermedad

Diversos estudios han demostrado que la pérdida de olfato puede ser uno de los primeros signos en patologías como el Parkinson, el alzhéimer o incluso la COVID-19, donde la anosmia fue uno de los síntomas más característicos. En el caso de la obesidad, recientes investigaciones han detectado alteraciones en el sentido del olfato que podrían estar relacionadas con mecanismos de control del apetito y deterioro cognitivo.

Gracias a este nuevo equipo, ya en funcionamiento en el CIMES, el instituto de investigación biomédica de Málaga y plataforma en Nanomedicina, IBIMA Plataforma BIONAND, ha iniciado el reclutamiento activo de pacientes con obesidad para estudiar cómo su capacidad olfatoria se relaciona con su respuesta cerebral y cómo podría predecir la eficacia de tratamientos de pérdida de peso.

Un nuevo horizonte para la investigación biomédica

La incorporación de este olfatómetro supone un gran avance dentro de las capacidades técnicas de la investigación biomédica en Málaga. Su aplicación no solo se limitará al estudio de la obesidad, sino que abre la puerta a nuevas líneas de trabajo en enfermedades neurológicas, psiquiátricas o infecciosas como el COVID-19.

“Con esta inversión estratégica, desde IBIMA Plataforma BIONAND damos un paso decisivo en la innovación tecnológica al servicio de la salud. Málaga se sitúa a la vanguardia de la investigación en neurociencia y metabolismo, con equipos que hasta ahora solo estaban disponibles en laboratorios internacionales”, afirma la científica Carolina Gutiérrez Repiso.

El dispositivo, ya operativo, permitirá generar nuevo conocimiento clínico y neurocientífico, además de posicionar a la ciudad como referente nacional e internacional en el estudio de la pérdida de olfato y su impacto en la salud global.